Pensé que había
sobrevivido, al ataque de la espada, pero mi cuerpo fue disuelto y de alguna manera la esencia de mi alma todavía podía ser visible. Es ahí donde me encontré con el que pude ser el culpable de mi
regreso. Alguien que gobierna el reino espectral.
-No sobreviviste al choque de la segadora, Sólo te he evitado la disolución total- Pero que diablos era lo que me hablaba, una voz entraba en mi mente, sin saber de donde provenía cuando me di cuenta de donde estaba reconocí la habitación, seguía en aquel trono de mi señor. Pero la dimensión cambio, las columnas se retorcían como si fueran trenzas, el suelo en el que estaba era insustancial, me daba la sensación de estar flotando y este ambiente frío y tan azul.
Cuando mire hacia el techo de la habitación, me asuste quede perplejo por lo que en realidad me rodeaba. Un ser inmenso, con tres enormes ojos, observaba minuciosamente los movimientos que realizaba.
¿! Que locura es esta ¡? En que plano estoy viviendo ahora. La muerte debe ser una liberación ante esta parodia. Preferiría el olvido a esta existencia.
-La elección no está en tus manos- El gran espíritu me indicaba que mi senda en el camino de los vivos aun podía seguir girando.
Mi camino no había terminado, jugaban con mi vida como si fuera un juguete. Este seria el verdadero dios del infierno, el inframundo que destruí, fue gobernado por aquella criatura sin cuerpo y materia.
-Te he salvado anteriormente del olvido, tu aparición en este mundo fue a causa mía. Estas destinado a ser el Mesías que pone fin a esta locura- Mi cuerpo cansado y sin ganas de seguir no podía hacerle caso a aquella aberración. No estaba dispuesto a que nadie mas jugara con mi alma, no me convertiría nunca más en títere de nadie. Pero las palabras que decía me convencían para poder seguir mi camino.
-Redímete a ti mismo, o si lo prefieres, véngate. Arregla tus diferencias con Kain. Destrúyelo a él y a tus hermanos, libera sus almas y deja que la Rueda de la Vida vuelva a girar. Usa tu odio para liberar sus almas. Puedo hacer que lo logres. Conviértete en mi Segador de Almas, mi Ángel de la Muerte-
Seguí mi camino por aquel retorcido mundo, un laberinto espectral. Guiado por el señor del terror. El dios de la muerte.
-Te desperté para que detuvieras las atrocidades que hacia tu maestro. La vida tendría que seguir girando. Pero tu mentor ha condenado a este mundo ala desolación, destruelo y encontraras tu destino. Aquellas figuras que viste en el pasado son el reflejo de actos futuros, pistas que te llevaran a tu destino, para lo que has renacido. Como agente mío, estás por encima de la muerte. Tus enemigos no pueden destruirte. Sin embargo, si te debilitas demasiado, serás enviado al plano espectral para recuperarte.
Era una locura, mi fuerte deseo de odio era lo único que me hacia seguir. Ahora se me revelaban algunas dudas que me fueron negadas. Mi llegada a esta época solo significaba el inicio de una nueva era. Aquel Adán tenía razón y poco a poco entendía más sobre mi destino, el cual seguía muy de cerca.
Me tope con una inmensa puerta en el mundo espectral intente abrirla, pero mis fuerzas no eran las suficientes para moverla. ¿La segadora de almas también me había llevado mi fuerza?
- Tus esfuerzos son vanos. Estos objetos son simples sombras en el mundo espiritual-
En todo ese sueño, encontré lo que seria mi ventana hacia la realidad. La esencia de vida. Un túnel de almas que conectaba los dos mundos, Un portal dimensional. La voz de mi nuevo amo le ponía fin a mis nuevas dudas.
-Este portal es la conexión entre los reinos espectral y material. Con su ayuda puedes materializarte y ser visible en el mundo físico- La entrada estaba afuera del Santuario de los clanes, al parecer y no era el único, en los sueños que tuve al venir a este mundo pude ver todo el mundo con infinidad de portales espectrales.
Me pose encima de aquel circulo, irradiaba un lamento el cual solo los muertos podían escuchar. La gran fragua azul que desprendía, rodeaba mi cuerpo retornándole la vida, podía sentir como mis músculos volvían a ser materializados, mi carne retomaba su olor, color y la visión del mundo de los vivos volvía a tomar forma. Las paredes regresaban a donde pertenecían, la sensación de flote se iba, y aquel mundo desolado y tenue quedaba atrás.
-Pero este cambio conlleva un gasto. Primero has de reclamar las almas de los vivos, hasta que la tuya este saciada y recobre por completo la fortaleza que le fue quitada. No necesitas un medio para volver al mundo espectral. Puedes abandonar tu cuerpo físico cuando desees- Era esta una nueva habilidad, mi cambio por estos mundos me daba un nuevo dote, o era que ahora tenia mas limitaciones.
-Por ahora te dejo seguir tu camino, encuentra a tus hermanos y sálvalos de la perdición. Si tienes dudas regresa a mi, te estaré esperando en el reino espiritual- Aunque la presencia de aquel dios se había ido, sentía que aun me vigilaba muy de cerca, y su voz retumbaba en mi mente.
Después de aquel enfrentamiento con mi maestro, me di cuenta que no estaba preparado para la batalla final, mis habilidades me fueron quitadas, me sentía indefenso presa fácil hasta para el mas inútil de las criaturas.
-Regresa al lugar de tu desvanecimiento, un misterio te aguarda donde se dio el enfrentamiento con tu maestro- Siguiendo las ordenes de mi nuevo amo, volví al lugar en que fui venció. Y ante mi se presento una revelación.
Era el alma de la Segadora del Kain. El alma de aquella arma maldita, la cual me arranco de este mundo. Me tentaba a que la consumiera, pero si es que era una trampa puesta por mi antiguo mentor. Pero mi ignorancia me obligo a querer probar tal manjar el que estaba frente a mis ojos. Cuando lo hice vuelta la espada se fundió con migo, por un momento creí haber recobrado mis habilidades, pero la espada es engañosa y las almas que son devoras se desvanecen dentro de ella, no quedaba rastro de lo que fueron mis rivales, mi princesa…
Con tan solo la segadora de almas y mi habilidad espectral, le di una pequeña visita a mi hermano.
-Al igual que el aceite en el agua, la corrupción asoma a la superficie. Tras estos pilares, la deshonrada víctima fragua en silencio su venganza- El consejo del dios antiguo me daba esperanzas de probar una nueva alma. ¿Pero sin nada más que mi astucia podría derrotar al más fuerte de mis espectros?
Me adentre por los pasadizos de aquella fortaleza, tratando de evitar el contacto con el agua. Mi cuerpo era débil aun. Entre pensamientos adentrados, me tope con una criaturilla, descendiente de mi hermano, la cual nadaba por la inundada ciudad. Me asombre como era capas de mantener el contacto con el agua. Tras un pilar me escondía tratando de esquivar ala bestia mitad vampiro mitad pez.
Ya adentro me tope con lo que vendría a ser una tumba humana, algo insólito para mi. Como era posible que estuviera dentro del reinado de un vampiro. Era posible que mi hermano en toda su arrogancia profanara este recinto sagrado y construyera encima su imperio. Una vaga imitación del maestro, como un animal imitando al amo. Me acerque para ver de quien era la tumba, note que llevaba siglos abandonada al igual que profanada.
-¡Cuidado! Dentro hay una historia olvidada. Conócete a ti mismo aunque ello pueda destruirte- no entendía las palabras del maestro, que me trataba de decir. Cuando aparte la piedra que sellaba la tumba tuve una revelación. Cuando moví la lápida, una ráfaga de aire sepulcral escapó de la cámara interior. No estaba preparado para lo que había tras el umbral. Las criptas contenían los féretros profanados de los santos humanos. Con los nombres de mis hermanos… ¡Y el mío!
La ironía del acto blasfemo del Kain me invadió con la magnitud de una revelación. ¡Mis manos estaban igual de manchadas de sangre! ¡O más! Ya que había derramado la sangre de mis hermanos cuyas tumbas se encontraban saqueadas. Mi camino era seguir un círculo vicioso. Asesinar a mis hermanos como lo hizo el maestro cuando eran humanos, la ironía del destino me marcaba una vez más
-Sí, Mesías, eras un santo humano. Nacido de la misma fuerza que luego casi destruyó tu raza. Fuisteis escogidos antes del nacimiento del Imperio- No podía creer lo que me decía, de ser un ángel a un demonio, nada tenia lógica en eso, por que fui escogido. Mi destino es destruir todo aquello por lo que luche en mi vida pasada.
-El solitario monarca coronado a sí mismo, saqueó esta tumba y os sacó de estas criptas confiriendo su don vampírico a vuestros cuerpos inertes. Os resucitó como hijos predilectos- Mi antiguo maestro tenia mas misterios que revelarme. Cuando creí haber entendido como iba el rompecabezas, me di cuenta que me faltaban mas fichas y era irónico que tras la siguiente puerta mi hermano me revelaría estos misterios.
-Esta abadía, en su día un santuario contra la amenaza vampírica, acabó inundada por el diluvio que atormentó a estas tierras- Ahora entendía por que la tumba de los santos yacía en esta fortaleza. Mi hermano invadió esta tierra y erradico a todos los humanos que le pusieron resistencia. Una clara muestro del imperio parasitazo de los vampiros.
Cada vez descendía mas, era un laberinto de piedra. Me tope con una reja impenetrable y más aya el encuentro con mi hermano. Pero la barrera que nos distanciaba era mínima, sentía rabia al no poder seguir mi camino. Debía encontrar otra entrada rápido, el agua subía poco a poco y las habitaciones inferiores se iba inundando.
-Usa los nuevos dones que te han sido adquiridos en el mundo espectral. Las barreras insustanciales como estas no son un impedimento para ti en el Mundo Espectral. Si deseas pasar, lo harás- Abandone el mundo material dejando atrás mi cuerpo, para poder atravesar la reja que dividía mi encuentro con mi hermano.
Dentro de la habitación contigua encontré una sombra antigua, un espectro olvidado en el inframundo, un reflejo de
lo que me convertiría, al querer devorar mi alma se dio cuenta que el devorado seria el, mi espada lo corto limpiamente, permitiendo que su alma me de la fuerza para regresar al mundo
material.
Encima de ese pedestal estaba el túnel espectral que me devolvería a mi cuerpo, trepe confiadamente sabiendo que ningún espectro más estaría rondando tras mi alma. Cuando regrese ala realidad, tuve una pequeña charla con alguien del pasado.
-El hereje ha regresado- Las palabras provenían de la boca de mi hermano, el cual nadaba en círculos dándome vuelta tras vuelta, no me di cuenta que la habitación estaba llena de agua, en el plano espectral el agua no tenia forma, era como el aire.
Para ser tan inadaptado, te has adaptado muy bien a tu entorno.
- No te burles de mi hermanito. Tú, más que nadie deberías respetar el poder que confiere la superación de las limitaciones. El maestro me dijo que vendrías- Sus palabras eran de poca importancia para mi. Estaba más preocupado por la gran desventaja que tenia, con toda el agua a mí alrededor, no podía dejar que me hiciera caer.
¿Te hablas con el asesino?
- Deberías controlar tu lengua blasfema- Era gracioso como mi hermano se refería al maestro, siempre fue su perro faldero.
¿Y qué más te dijo?
- Que me destruirías -
De hecho lo haré. Pero dime, antes de que expulse a tu alma de su morada ¿Sabes lo que éramos antes de que tu maestro nos engendrara? Humanos, éramos santos humanos. La antítesis de lo que siempre creímos ser. Tan solo objetos de manipulación para el maestro al que sirves fielmente.
-¿Eso importa? Estábamos perdidos. Él nos salvó- Nos salvo de que, era algo que no entendía, acaso mi hermano sabia el por que de nuestra resurrección. Pero no quería mas dudas, vine aquí con sed de almas y eso era lo que me llevaría.
Desenfunde mi espada espectral, dejando asombrado a mi pequeña presa, pero eso no fue impedimento para que me golpeara sin dudarlo. Su nuevo aspecto le daba más libertad en el agua, una forma bizarra de lo que fue, un vampiro con escamas de tiburón, aletas afiladas para cortar la carne. Un guerrero atrapado en su propio reino incapaz de salir mas aya de los límites de la ciudad inundada.
La pelea se inicio, y mi mente estaba clava en no caer al agua, solo cinco pilares me mantenían con vida, si mi hermano lograba que cayera al agua estaba acabado. Pero tal como lo predije fui expulsado de los cimientos en los que tanto confiaba, el golpe me mando contra la pared, trate de incrustar mis garras en la pared de aquella copula, pero fue en vano la bestia anfibia sujeto mis piernas y me sumergió en el lago. Volví a sufrí aquel sentimiento de furia, mi cuerpo se deshacía, el agua me quemaba como ácido y alcance a ver como mi cuerpo se disolvía poco a poco, hasta no quedar nada. Pero como lo dijo mi maestro. Mis enemigos no podían matarme y aparecí nuevamente en el mundo espectral. Sentía algo de alivio, al parecer mi regreso era inevitable, con esta nueva habilidad ni Kain podía detenerme.
Antes de volver a encontrarme con mi sombra, mire atentamente mi entorno, tenia que haber alguna manera de sacarle ventaja a mi hermano, enfrentarme mano a mano con el. Regrese al portal con la idea de vencer a mi hermano.
-Hermano, ¿Aún crees poder superarme?-
Di un salto hacia la pared de la habitación y observe, unos vitrales que no permitían pasar la luz. Clave nuevamente mis garras en los muros y rompiendo las ventanas di paso a los rayos del sol. Mi cuerpo marchito y destruido ya no era victima de esa debilidad, en cambio mi hermano sufrió en carne propia el dolor de exponerse a tal castigo. Su piel comenzó a quemarse, salían burbujas como si se estuviera asando un animal, ni la sumersión en el agua le permitía escapar. Al final su cuerpo oculto en las profundidades se levanto, inerte flotando en el agua y su alma abandonaba su cuerpo, oportunidad que no desaproveche, era tiempo de probar nuevas almas.
-Gracias al alma de tu hermano, has superado tu antigua vulnerabilidad al contacto con el agua- El antiguo dios me daba las palabras de concilio que necesitaba. La inmersión en el agua no disolvía mi cuerpo permitiéndote nadar hacia zonas que antes me estaban vedadas. Mi siguiente parada era el templo de la última de mis sombras. Para llegar a su nuevo reino haría gala de la nueva habilidad adquirida.
Al abandonar la estancia de mi hermano recordé el lugar en el cual se escondía la última sombra. Más allá del remolino del abismo en el cual fui lanzado, un túnel subterráneo conduce hacia el Norte, a los territorios perdidos. Con mi nueva alma podía nadar para acceder al reino olvidado.
Estaba siguiendo el camino que todos trazaban para mí. Me convertía en el peón que no quería ser, pero que más podía hacer, no tenia el poder suficiente para vencer al maestro.
Para alcanzar mis metas, tenía que encontrar a aquel jugador que movía todo el tablero…
-Alto ahí vampiro, vamos en búsqueda de los tesoros y conocimientos que albergan este lugar- La criatura delante
mío balbuceaba o trataba de decirme algo.
Al pasar la gran puerta del inframundo note que este templo presenta las inconfundibles características de mi ego
interior, ese espectro vampirico que se alimentaba de las podredumbres de mis pensamientos, cazándolos como un perro lo haría con un ingenuo animal.